jueves, 7 de marzo de 2013

Antonio Báez habla de La memoria del gintonic

Más de una año después de la publicación de mi novelita La memoria del gintonic por la editorial Talentura hago el siguiente balance:
-Aquí el que no corre vuela, tal como han volado los responsables de la librería donde se presentó en Málaga, que entonces se llamaba CincoEchegaray, luego se llamó La cochera, y finalmente dejaron de llamarse, dejando un pufo de más de 400 euros a la editorial, que les han sido reclamados en incontables ocasiones y que jamás han tenido intención de pagar más allá de la lamentable situación de crisis que vivimos. Arrieritos somos, muchachos de la librería, muchachos de la mierda.


Y ya entrando en literaturas, La memoria del gintonic, por la boca de algunos de sus lectores:
Lo que dice Alena Collar: “Todo ello además tratando el tema de la pérdida de memoria con una elegancia, delicadeza, humor y ternura exquisitas, con un lenguaje que cumple la función de atrapar al lector desde la primera frase, y con un sentido del ritmo narrativo que ya lo quisiera yo para mí.”  
Lo que dice Alberto Olmos: “Y ahora me he leído La memoria del gin-tonic de Antonio Báez, que también tiene mayormente un buen gusto idiomático, sin barroquismos pero con ese barroquismo en realidad que es la sencillez, y que va de una vieja bastante salida que se apunta a un taller para escribir una novela sobre una vieja que se apunta a un taller y esa es la novela que leemos.”  
Lo que dice Elena Casero: “Antonio nos mete de lleno en la vida de Eulogia, una mujer viuda que se apunta a un curso de narrativa para escribir la novela de su vida antes de que el Alzheimer se lo impida. Y, a través de esas páginas, vamos conociendo a su familia: su hijo Carlos, su nuera Julia a la que, como corresponde como suegra, no tiene aprecio. No puedo negar que me ha divertido la mala leche que despliega Eulogia, con la que, sin  querer, he empezado a identificarme. Otro de los personajes imprescindibles es Palmira, la chica caboverdiana que trabaja en casa de Eulogia, la negra que llegó en patera a España, y que le cuenta a Eulogia, o ella se lo inventa, los valses que bailaban por las noches durante las cenas con el capitán. Teresa, la hermana fantasma de Eulogia que aparece y desaparece a su antojo y la otra hermana, Esperanza, presidenta de una comunidad autónoma.”
Lo que dice Inma ruiz: “La novela es a ratos muy divertida. La perspectiva irónica de una mujer de 71 años haciendo un curso de escritura creativa, buscando una foto de sí misma interesante, de escritora sosteniéndose la cabeza, no vaya a ser que se le caiga por exceso de melancolía. Una mujer que empieza a olvidar –lo que no es importante y lo que lo es, la mente que se vuelve excesivamente selectiva. ¿Quién es mi hijo? ¿Quién ha estado aquí hace un rato?”
Lo que dice Rosana Alonso:Los diálogos son naturales, se nota el buen “oído” de Antonio y el resto de personajes no son meros comparsas de Eulogia: Carlos, Palmira, Esperanza (que nos deja con la duda de si es una mera fantasía de Eulogia  tomada de la realidad o de verdad la hermana ambiciosa que Eulogia nos dice),  tienen una personalidad definida dentro del poco espacio que deja una novela corta. La escritura es  concisa, sin florituras y cuando tira de alguna figura literaria es de una manera original y bien ensamblada con la frase, sin que suene artificial.”  
Lo que dice Miguel Baquero: “En gran medida, La memoria del gintonic supone un replanteamiento de nuestros prejuicios sobre la materia literaria, sobre si hemos de distinguir claramente entre lo ficticio y lo ocurrido en la realidad, y si no se podría (como en esta novela) mezclar ambos planos para expresar la verdadera esencia de una persona y la poesía y la magia que, hasta el fin, conserva en su interior.”
Lo que dice Óscar Esquivias: “… su primera novelita, plena de simpatía y de humor, con un fluir narrativo libérrimo. El autor tiene muy buen pulso para la escritura, aunque a veces flaquea la tensión del relato. También creo que trata a su protagonista más como un personaje que como una persona, excediéndose en la caracterización y descuidando su hondura psicológica. Pero estos reparos no empañan el interés y la calidad de un texto que apunta muy alto y que se lee, como Poe quería, de una vez, con gran placer, felicidad y emoción.” Óscar Esquivias
Lo que dice Rubén Gozalo: “La novela nos habla de las cosas que verdaderamente importan: de la soledad que pueblan los corazones de muchas personas mayores, de los silencios que hay en sus vidas y del tránsito hacia a la vejez, ese abismo que es el transcurso del tiempo y que devora sin compasión la cabeza y el cuerpo de los ancianos. Mentes que fallan, achaques de la edad, rostros que se olvidan, individuos que comienzan a dejar de ser ellos mismos y terminan por perder la cabeza. Las páginas desprenden humor y ternura a través de la mirada de Eulogia, en ocasiones traviesa, a veces cínica en sus ajustes de cuentas con el mundo que le rodea.”
Lo que dice Diego Nieto: “Cuando leía por segunda vez la novela no podía evitar que Eulogia me recordase a otros abuelos con los que me he ido tropezando en alguna de mis últimas lecturas. Me puedo referir al protagonista de Una desolación de Yasmina Reza o al de Últimas notas de Thomas F. para la humanidad de Askildsen. Eulogia quizá comparte con ellos una mirada irreverente sobre los valores sociales, una inteligencia y unos pensamientos muchas veces despiadados y casi siempre escépticos sobre la vida y los familiares que en breve van a dejar atrás. En cualquier caso se trata de personajes alejados del típico estereotipo del abuelo.”
Lo que dice Fernando Aramburu:Advierto en tu novela una combinación de ternura e ironía que me la hace muy cercana, así como la circunstancia de que el relato gire en torno a la suerte de unos personajes dotados de volumen humano (y no meros nombres). O sea, que te doy la enhorabuena por tu excelente mano literaria y te deseo la abundancia de lectores que te mereces.”
Lo que dice David Pérez Vega: “La novela mantiene un juego intenso entre lo verídico y lo imaginado por Eulogia, quien -vamos intuyendo- está perdiendo la cordura, y así conversará con gente que ya está muerta, o con personas que puede que ni siquiera existan; y cuya memoria y referencias espacio-temporales se hacen cada vez más endebles. Y aún así, en uno de los momentos en los que la voz narrativa, siguiendo su juego de novela en construcción, interpela directamente al lector, Eulogia escribe: “¿Te sentirías engañado, lector, amigo nadie, si llegases a sospechar siquiera levemente que soy una vieja loca y extravagante que se aprovecha de las licencias de la edad para fingir su demencia” (pág. 89)”
Lo que dice Francisco Portela: “Una historia con un ritmo que no decae, un equilibrio perfecto entre los pensamientos de nuestra protagonista y los diálogos, muy cortos, que agilizan la lectura. Son muy pocas páginas. Se lee de una sentada prácticamente pero yo preferí ir haciéndolo a fuego lento para degustar mejor este plato, disfrutar de cada secuencia, conocer mejor a Eulogia.”


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